martes, 3 de febrero de 2009

Si no fuera por domingos como estos.

-Me llamo Ruth - me dijo, y creí conveniente llamar la atención a lo bíblico del nombre.
-Si, es hebreo - contesto mientras bebia un trago de la segunda cerveza de importación de alta graduación que le había servido.
En sus ojos negros, profundos, creí ver un misterio. en su sonrisa una invitación. Le devolví mi mejor invitación.
Dije una tonteria y ella penso que era un gran titulo para algo, y lo anoto en una servilleta.
-Es que soy guionista -y me volvió a sonreír.
la música era suave, y la cantante como su voz, parecía una ausencia. Tan alta, tan rubia, tan germana.
En el bar calor, luces tenues y amarillentas y risas, afuera oscuridad, lluvia y domingo.
Un amigo le dijo algo y ella lloro, se fue y volvió; me miro y sonrío, demasiadas invitaciones como para desaprovecharlas.
La noche transcurría rápida al ritmo de golpes de cervezas en la barra, en la cabeza.
De fondo una mal voz alemana cantaba algo que a casi nadie importaba.
El teléfono suena, me giro para contestar
- hola, te dio Inma el salmón? - creo entender
- ¿Que salmón, Kika?
- El sermón!
- ¿Qué sermón? respondí tratando de pensar que había hecho para merecer un sermón.
- Que te has ganado un JAMÓN, mamón!!!
- ¡Ah! ¡el jamón! - me despedí a los tropezones. Era la primera vez en mi vida que ganaba algo.
Al darme vuelta con una sonrisa que se quedo obsoleta, la banda ya no toca, la gente ya no rie, porque a uno de los clientes se le dio por perder su verticalidad para caer al suelo y casi romperse la crisma, sangre y cristales rotos por todas partes.
Y a correr al ambulatorio, no hay servicio de emergencia... Policía en la calle y llamada a la ambulancia.
Veinte minutos fríos en la calle, con el caído, con la alemana, tan flaca, tan atlética, tan rubia, tan germana. Tan sin calor en su sonrisa.
Vuelvo corriendo al bar, obviamente Ruth no estaba.

Al destino le gusta jugar con antagonismos, y es que el jamón no es Kosher.


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