domingo, 12 de abril de 2009

Una cita.

La noche en el bar se me hacia eterna, no sabia si seguir esperándote o irte a buscar.
Mariola era la única que podía competir contigo, pero ella estaba muy ocupada atendiendo el bar. Y aunque me sonreía y me animaba no lograba borrarte completamente de mi pensamiento.
Pequeñita, joven, con unos ojos verdes y un cuerpo que incendian soledades, así y todo Mariola no te eclipsaba totalmente. Quizás fuera porque también estaba su novio y sabia que esa noche ella no se iría conmigo, quizás fuera por eso.

Yo jugaba ajedrez con Ahmed mientras mi mirada seguía a Mariola. Intente concentrarme nuevamente en la partida, y al hacerlo me di cuenta que tenia un irremediable final, Ahmed me volvería a ganar.

- Deberíamos jugar en otro sitio que no sea en este bar- dijo Ahmed.
-¿Por qué?- pregunte.
- Porque seria mas interesante jugar contigo si te concentraras solo en el tablero.

Pedía demasiado Ahmed. Sobre todo esa noche.

Me pedí otro chupito de absenta. Dibujada en la etiqueta de la botella una bruja en una hoguera. Cuarenta y cinco centímetros cúbicos de setenta grados de alcohol es mucho alcohol para un solo trago, pensé con el primer chupito, con el segundo me pareció que exageraba.

El tercer chupito lo bebí con la esperanza que aparecieras, y mas que nada para que libraras de la hoguera en la que esa noche ardía.

Ahí estaba solo, rodeado de gente. Ahmed un marroquí que pasa drogas en la plaza del Carmen, un tipo que se hace llamar Kaos y que no pierde la oportunidad de invitarme a subir a su casa. Carlos, un esquizofrenico que se acaba de sentar al lado mio con la mujer con la que sale, veinte años mayor, Amparo alcohólica de cuarenta y cinco años. Albert, un actor fracasado que nunca deja de contar anécdotas de cuando las cosas le iban bien. Y un tipo que nunca recuerdo como se llama, pero por su extrema delgadez y su su rostro cada vez mas cadavérico se que no va a durar mucho entre nosotros, y por eso no me molesto en intentar recordar su nombre.
Borrachos, putas, locos y camellos son mis compañeros de noche.
Y el desengaño también.
De esta galería de personajes patético no soy yo la excepción que confirma la regla.

Alguien me invita una raya en el baño, no digo que no.
Ya no pregunto que droga es.


Se que no vendrás, y el bar esta por cerrar. Mariola ahora me esquiva, sabe que a estas horas quizás yo ya no sea tan discreto.
El absenta y esa cosa que aun me pica en la nariz me dejan un poco de entendimiento. Lo aprovecho para salir a la calle.

Oscuras y vacías están las estrechas calles del Barrio Chino.
Ahí te busco.
Se que sueles estar por aquí muy seguido.


Me meto entre los negros que venden caballo, y los saludo a modo de provocacion, esta gente no suele tener paciencia. Esta noche si.
Sigo buscándote, ahora en el callejón donde están todos los yonkys. están todos sentados uno al lado del otro, hay jeringuillas, hay sangre, hay gente dormida. Pero no estas tu.
Estoy muy excitado. Calle abajo están las putas. Hay una que parece estar bastante entera.
-Hola, ¿quieres un polvo?
-Si, a cuanto.
- ¿en la calle o en el hotel?
-En el hotel.
- Sesenta la hora mas la habitación.
-Vamos.
me pide que le pague, no tengo justo. ella quiere el dinero, necesita una dosis.
-Vamos a que nos cambie el Negro- dice ella.
Le hago un chiste al Negro y parece no caer le muy bien la broma, nos enzarzamos en una pelea que dura poco. Dejo al Negro en el suelo atontado.
Le digo a la puta que nos vayamos y nos vamos, nada le importa ella tiene su dosis de heroína para fumar.
Entramos en un portal de una finca en ruinas, nos atiende una gorda vieja y sucia le pago la habitación y subimos.
En la habitación, un bidé, un lavabo y una cama. Una lampa rita daba una luz amarillenta y tenue. quise ver por la ventana, no la encontré.
La puta, -María me llamo- hacia bien su trabajo. seria por la dosis.
Hablo con María al acabar, me siento vació y miserable. Ahora mas que nunca necesito tus brazos redentores, pero aun no llegas.
Abajo se escuchan gritos, la gorda grita, y parece haber mucho revuelo, golpes y puertas abriéndose con violencia. El Negro entra con furia y con dos hombres mas. En su mano un cuchillo, en mi cuerpo su cuchillo. una y otra vez.
Me abrazo a el para frenar su violencia, pero también para mirar por encima de su hombro y ver como entras por la puerta a buscarme.
Sonrió y te digo
-Ya era hora, te estuve buscando toda la noche.

No hay comentarios: